No me obligues a creer
que mis talones
de algodón
no se acurrucarán
más
en el baile de tus hombros.
Recuerden, recuerden. Nunca dejen de buscar el sonido del silencio, pese a que lo más cercano que estarán ustedes de él será en sueños; pero no en los propios, sino en los de las palabras, que anhelan sentirse vacías.